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martes, 28 de julio de 2015

Un poco más de poesía

La poesía religiosa

Creer lo imposible

Atreverse con la poesía religiosa es apuntar a temerario, pues en castellano ha habido grandes místicos y ascetas que han logrado impresionantes poemas con el motivo religioso. Enumerarlos resultaría un ejercicio infatigable, un arduo trabajo más propio de una tesis doctoral que de una sencilla entrada de un blog.

Me quedare con tres de esos autores y elegiré tres poemas o fragmentos para luego proponeros un sencillo soneto con el que pongo mi particular granito de arena en esto de componer poemas religiosos.

San Juan de la Cruz, místico por excelencia que compuso sus más bellos poemas encerrado en una celda infame donde su alma se elevó hasta "dar a la caza alcance", es un gran místico y un gran poeta en quien el uso de recursos estilísticos sorprende por su atrevimiento.




Su Cántico, escrito para escándalo de tantos en su momento, es hoy una referencia de asombroso misticismo y bella poesía:


¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste
habiéndome herido;
salí tras ti clamando y eras ido.
(...)
Buscando mis amores
iré por esos montes y riberas;
no cogeré las flores,
ni temeré a las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.
(...)
Y todos cuantos vagan
de ti me van mil gracias refiriendo,
y todos más me llagan,
y déjanme muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo.
(...)

En este link puedes leer los Poemas de san Juan de la Cruz; solo quisiera destacar ese recurso final que dice: un no sé qué que queda balbuciendo, y que llamamos Aliteración donde sorprende la relación entre lo que escribe y lo que quiere decir, pues les dejó verdaderamente tartamudos, tal y como dice el poema.

Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia e insigne santa española, compuso también grandes poemas dotados de un gran conocimiento del alma y no exentos de gran calidad literaria.


Me quedaré con el fragmento inicial del Nada te turbe que es casi un himno a la paz del alma ante cualquier circunstancia. Hablar más de él es estropearlo.

Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,

Dios no se muda. 
La paciencia
todo lo alcanza; 
quien a Dios tiene 
nada le falta: 
sólo Dios basta.

Por último, del Fénix de los Ingenios me voy a quedar con uno de los más bonitos sonetos que se han compuesto en poesía castellana, y en particular, el poema religioso que a mí más me gusta. 


Si bien los poemas anteriores proceden de dos santos con dificultades en su tiempo, Lope de Vega y su azarosa vida resulta mucho menos ejemplar y, por eso, cobra dimensión y relieve este magnífico poema

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras? 
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío, 
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras, 
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío, 
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía: 
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!
¡Y cuántas, hermosura soberana, 
«Mañana le abriremos», respondía, 
para lo mismo responder mañana!


A la vista de estos poemas, cualquiera puede preguntarse ¿qué más se puede aportar?, pues si ante un alma que brilla con tanto esplendor en unas composiciones tan perfectas, todos nos sentimos abrumados.

Mi propuesta parte de la observación de muchas de las imágenes que rigen las iglesias españolas, algunas de las cuales, además, procesionan en nuestras calles en Semana Santa. Es, desde luego, menos ambicioso pero está hecho con humildad y afecto.

En concreto, este soneto está dedicado al Cristo del Pardo del imaginero Gregorio Fernández. Un Cristo que abruma por su realismo y perfección. Como imagen propia del Barroco tiene, a pesar de ser un Cristo yacente, la sensación de movimiento típica de esta corriente artística y da la sensación de estar contemplando la imagen de Cristo recién muerto y reposando en el lecho.





Así reza este Soneto cuyos cuartetos tienen cambiada la rima porque me pareció más estético, aviso a navegantes. Espero que os guste.

Impresiona ver tu cuerpo dormido
con todo - boca, ojos - entreabierto.
Impresiona ver tu cuerpo torcido
cubierto de sangre, dañado y muerto.
¡Siento observar tu pecho descubierto!
¡Siento que fuera el hombre quien te ha herido!
Siento que eres Dios muerto, ¡que eso es cierto!
Peor siento... ¿me sirve lo sentido?
En lo alto de este altar te quiero, Pardo,
objetivo fiel de un amor silente
que te quiere seguir a cada día
porque eres saeta de su fe; dardo
hecho de pan y vino que en la frente
te quiere lejos de tu suerte fría.


Si al ver la imagen del autor de Sarria (Lugo), Gregorio Fernández, parece que, como dice Santo Tomás, "se equivocan los sentidos" y creemos posible que lo que es de piedra y de madera, esté vivo; como el alimento de la Eucaristía, que siendo pan, es Dios sin embargo; pues no en vano, los cristianos llevamos dos milenios creyendo lo imposible, por la fe.



Este soneto forma parte de una obrilla de Catorce Sonetos a Catorce imágenes de Cristo, si quieres saber más puedes consulta mi página web. Gracias.


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