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sábado, 21 de noviembre de 2015

Adivina quién viene a cenar esta noche (III)

La memoria, ese juguete de cristal

Memento

Hay sobre el tema de la memoria y sus jugadas muchas películas, pues como hemos dicho, permite construir de muchas maneras las historias que se narran o cuentan ya sea en una novela o en el mismo cine. Como en esta etapa estamos introduciendo las historias con el cine voy a nombrar una buena película con un extraordinario guión: Memento,

Memento es quizás la película que ha llevado más al extremo la construcción de la historia en relación con los problemas de la memoria, como si el narrador de la misma fuera el propio personaje con sus problemas. El espectador sabe siempre lo que el personaje va descubriendo a lo largo de la historia. Una perspectiva que agobia pero que resulta un juego estimulante para el espectador.

Memento 1
¿Nos dice la verdad el espejo o lo vuelve todo del revés?

El guión y dirección de Christopher Nolan es excepcional por su enorme grado de dificultad y se basa en una obra cuyo título es Memento Mori (Recuerda que vas a morir, en castellano) y trata de un hombre que sufre de amnesia a corto plazo, de modo que no recuerda ninguna de las cosas que va haciendo. Para poder recordar lo que ha sucedido, va tatuando en su cuerpo las cosas que debe recordar.

La película es retrospectiva y comienza en un momento determinado tratando de construir el puzle de su cuerpo desde el memento actual y hacia atrás, para lo que emplea el recurso del flashback y el anticipo de lo que sucederá. Así va conduciendo al espectador hasta el origen de la enfermedad: una pelea con un individuo en el momento en que otro viola y mata a su mujer.

Memento, una foto dentro de una foto
Memento, una foto dentro de una foto

Una película de suspense psicológico que mantiene la tensión hasta el final dudando de quién ha sido el verdadero asesino, una trama excelente de una película muy entretenida que tiene como gran virtud describir muy bien la sensación de angustia de los que padecen esta enfermedad real y sorprendente.

Supongo que la vida de aquellos que padecen esta enfermedad será más sencilla y tendrán formas de recordar lo que olvidaron de alguna forma menos cinematográfica, pero el recurso es efectivo y me imagino el montaje de esta película como un rompecabezas que hay que reconstruir.

El Relato que iniciamos hace tres entradas termina aquí, en el la memoria juega un papel fundamental. Espero que os guste e interese.


Cuéntamelo de Nuevo PARTE III
Me ataron y guardaron en el refugio permitiéndome huir del frío y alimentándome lo suficiente como para no morir. Algunos días me golpeaban buscando información, pero las más de las veces se les veía hartos de su situación y de la propia guerra. Cuando las nieves bajaron y su vigilancia se hizo menos intensa, escapé corriendo siguiendo el curso de un regato que vertía sus aguas en poderosas melenas rebeldes, impetuosas y blancas a causa del deshielo. Dispararon dos o tres veces al aire, pero ni siquiera me siguieron.
En la cabaña había visto cómo trataban a aquellos que mataban y, cómo la ausencia de alimento, en ocasiones les llevaba a alguno a cortar partes tiernas y magras de los muertos que asaban en pequeñas hogueras hechas con los huesos de los cuerpos. Huí, para evitar ser presa de sus fauces y de sus pequeñas fogatas y para dejar de ser, también, probador de otras carnes.
¿Ya nadie recuerda nada?
¿Ya nadie recuerda nada?

La situación aberrante me hizo huir despavorido del lugar, corriendo sin volver la vista atrás. Conocí el horror en su vertiente más cruel, mi cerebro me susrraba que nunca jamás hablaría de tal extremo en que el hombre se hace alimaña a fuerza de ver muertos, a fuerza de encontrarse aislado del mundo entero.
Me sentí conmovido por el espectáculo de muerte y sangre; fatigado por la experiencia de haber matado a un hombre, ansié esta vez que el manto negro ocupara de forma veloz e intensamente mis recuerdos. Busqué el modo de apagar este recuerdo que permanecía quieto, hasta que un sonido poderoso como un trueno con estruendo me advirtió de que el recuerdo se apagaba como se acabó aquella batalla y aquella guerra. Con un doloroso silencio.
Esta vez, observo al manto negro cubrir los recuerdos y, el rostro de la chica que siempre está a mi lado me despierta de este sueño, mientras una sonrisa plácida se dibuja para su perpleja mirada en mi cara. Recuerdos que no quiero, igual que tener como único patrimonio, una serie de deudas. Los recuerdos, cuando se hace uno anciano, se aceptan a título de inventario, sin sus cargas.
Y creo que son estas cargas las que extienden el negro manto sobre los recuerdos que esconde también los momentos felices al ocultar voluntariamente los que son amargos. Duro pacto que firmas con el demonio de tu fatiga debido al duro bregar por la vida. Cuando no puedes soportar los malos recuerdos, simplemente dejas que tu cabeza cree un fantasma oscuro al que llamas inconscientemente justo cuando no puedes soportar el peso de algunos de los recuerdos.
Si no recuerdas nada... los hechos
Si no recuerdas nada... fíate solo de los hechos

Otro día que comienza y otra luz me lleva a un último momento, a otro recuerdo. La niña de los ojos violeta y la sonrisa puesta, con sus caracoles por melena y esas cejas tan redondas, tan extensas que parece que se tocan, se acerca y me besa la mejilla. Me susurra al oído esa mágica palabra... ”abuelo”. Un beso que me despierta, y quiero sujetarla en mis brazos para que, descansando en mi regazo, me diga otra vez esa extraña palabra que tanto me descansa, que tanto me alegra. Esa palabra que nunca recuerdo qué significa exactamente pero suena a camelios en flor, a plazas brillantes de ensueño y a recuperar el dulce sonido de un cuento.
Y, entonces, recuerdo a otra niña pequeña como ella en el regazo de mis pernas, acurrucada y serena. Una niña que se sentía feliz y tenía caracoles por melena y una tez pálida y una sonrisa puesta en los labios y una mirada que repiqueteaba y daba chispazos cuando se veía encaramándose a mis piernas con un cuento en sus brazos que decía,... lo recuerdo bien, esto sí que lo recuerdo,... “el abuelo y el cachorrillo”
Con sus ojos tan brillantes y su boca con esa sonrisa abierta, me miraba fijamente sujetándome la cabeza con sus manos, justo como hace ahora esta niña dichosa y coqueta. Lo mismo que hacía aquella otra niña de pelo resuelto para enseñarme el cuento y decirme lentamente, marcando cada sílaba de cada palabra: “cuéntamelo otra vez, papá. Cuéntamelo de nuevo”

El espejo devuelve como la fotografía una realidad que ya no es
El espejo devuelve como la fotografía una realidad que quizás ya no es

Y me siento, entonces, joven y sereno. Fuerte y victorioso, con muchos años por delante contándole la historia del joven y certero caballero que libraba a las damas de ogros y brujas con sus feas caras y sus poderosas fauces. Fauces y caras que son el anticipo de la pérdida de la memoria y de ese negro manto con el que llegamos al acuerdo infame de perder los buenos recuerdos para acallar a aquellos ogros y brujas que nunca comprendimos, ni pudimos jamás salir victoriosos de nuestros encuentros con ellos.
La niña del pelo ensortijado y la sonrisa abierta, cierra el cuento dejando, con ello, que el negro manto se extienda sereno y sé que esta vez ya no volverá a descorrerse de mi memoria ese velo. Ya no habrá mas camelios ni camelias que me devuelvan la sonrisa, ni niños jugando en un parque tras un balón de estrazo, ni más caídas terribles de un barco ni sorderas que me aíslen de un mundo que no entiendo; ni habrá, desde luego, más crueles guerras que se lleven a personas que no recuerdo, ni caerá la divina nieve sobre el suelo amenazando con un manto de hambre o de terribles sueños; ni tampoco..., ni tampoco dejará el negro velo, el manto grueso, que dos ojos inmensos de una niña risueña me traigan la lectura de aquellos viejos cuentos con las dulces palabras de una historia feliz llena de héroes resueltos.


No volverá. Lo sé. No volverán los recuerdos con esa niña de la mirada chisposa y radiante para volver a decirme: “Cuéntamelo de nuevo. Cuéntamelo... abuelo” Con esa extraña palabra que escucho y no entiendo, pero que me hace sentir feliz y frustrado, porque sé que es bueno su significado, pero ya,... Ya no lo recuerdo... Pues se ha quedado su significado bajo un oscuro manto cubierto.
No volverán los recuerdos, se quedarán sometidos a la tiranía del negro manto que ocultan las pesadillas vividas y los buenos recuerdos. Lo sé. Y creo que ya no lo siento.


FIN


Dentro del Pozo es una novela donde la memoria es fundamental para explicar la trama, la histria se reconstruye como un puzle al estilo de Memento y se desarrolla dentro del mundo de los sueños, y está en venta en CreateSpace Amazon.




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