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sábado, 14 de noviembre de 2015

Tras los atentados de París

La esperanza como arma

In memoriam


Como cuando la tierra se estremece con un terremoto, como la inseguridad personal que genera la sacudida del suelo que nos sostiene; hoy nos hemos levantado en el mundo occidental casi temblando por el grado de crueldad que el ser humano es capaz de alcanzar.

Los atentados de ayer de París son una sacudida en toda regla al mundo occidental, a la Europa dormida que, hastiada por alcanzar un grado de comodidad inigualable en la historia, no sabe cómo es de vulnerable. La sociedad más avanzada de la historia sufre como pocas veces antes.

París a vista de águila


Y es que el avance tecnológico, económico, cultural y científico nos ha anestesiado de la realidad más evidente: que somos vulnerables y que dependemos básicamente de que el ser humano se comporte como tal, como un ser humano que respeta a sus semejantes.

Esa realidad palmaria nos permite dar un mayor sentido a la vida del que solemos dar; a nuestros semejantes un mayor valor al que estamos acostumbrados a ofrecer y, al final, poner en valor todos nuestros logros... En particular, eso que llamamos los derechos humanos.

La Torre Eiffel, sola y erguida


Independientemente de que sabemos que la sociedad occidental tiene que dar la respuesta adecuada a esta sacudida que proviene de alguien concreto, a mí me gustaría rendir hoy un homenaje a las víctimas de este atentado en la belleza de la ciudad de París con sus fotografías, París siempre ha sido una avanzadilla del mundo civilizado.

Y mi homenaje personal es la adaptación de un poema que escribí no hace mucho tiempo en el que se habla de resucitar, para que esta sociedad anestesiada y dormida sea capaz de apreciar el valor de la vida humana en toda su dimensión y dar un paso adelante para levantarse de la postración actual con la conciencia de que, al final, las víctimas obtendrán su recompensa. Al menos yo así lo creo.

Nuestra Señora de París en Otoño


Résurrection

Ya el camino descuidado se ha dormido
al arrullo de las nieblas otoñales;
se sometió ayer a vientos invernales
y en el sonido del silencio se hizo olvido.

Ya la juventud se fue y la niñez se ha ido.
Regresará la flor a estos matorrales
y el castañeteo de los campanales
dirá que vive... aunque ya ha vivido.

París retendrá hoy un último latido
cerrando sus ojos secos por el frío
- el otoño fue, el invierno se ha venido -

París parecerá quizás dormido
pero será hoy fermento de un estío
pues "la vie renaît"..., es lo prometido.

París desde las alturas de sus terribles gárgolas

La vida vence a la muerte y renace, es lo prometido. Un recuerdo a la hermosa ciudad de París y a sus habitantes, un abrazo a las víctimas que sienten la gravedad de lo ocurrido y espero que obtegan el consuelo merecido.

In memoriam

  
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