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viernes, 19 de febrero de 2016

Poesía y juegos de palabras

Componer un soneto

Los versos satíricos

No siempre quedan bien pero recomiendo a cualquiera que le guste componer poemas formales intentar hacer algún juego de palabras, y si es satírico mucho mejor. Así como ejemplo podemos recuperar el duelo entre Góngora y Quevedo, en particular, este par de sonetos que son tan estéticos como ofensivos:




Dice Góngora a Quevedo

Anacreonte español, no hay quien os tope,

Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope.

¿No imitaréis al terenciano Lope,

Que al de Belerofonte cada día
Sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?

Con cuidado especial vuestros antojos

Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.

Prestádselos un rato a mi ojo ciego,

Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier gregüesco luego.

A mí esa idea de Góngora de pedirle los anteojos a Quevedo para ponérselo a su ojo ciego sólo para enseñarle verdadera poesía, (o sea que su peor estertor es mejor que el mejor verso de Quevedo) me parece zafio, grosero y desde luego, sublime.

Pero veamos qué le responde Quevedo con sus anteojos (que llamaban "quevedos") a Góngora.


Este cíclope, no siciliano,
del microcosmo sí, orbe postrero;
esta antípoda faz, cuyo hemisferio
zona divide en término italiano;

este círculo vivo en todo plano;
este que, siendo solamente cero,
le multiplica y parte por entero
todo buen abaquista veneciano;

el minoculo sí, mas ciego vulto;
el resquicio barbado de melenas;
esta cima del vicio y del insulto;

éste, en quien hoy los pedos son sirenas,
éste es el culo, en Góngora y en culto,
que un bujarrón le conociera apenas.


O sea, en fin, extraordinario sí; pero cruel y perverso el verso de ambos. De este no voy a destacar nada pues destaca por sí solo que si produce sirenas es porque ha sido bien alimentado, según el bueno de Quevedo.
Pues en estos hombres santos de la católica España del XVI y XVII surgen los versos satíricos más extraordinarios que - en mi opinión - nadie ha llegado a mejorar. Será por el rigor formal del soneto que hace crecer el ingenio, o será porque en el XVI aprendían bien  a afilar lo mismo la rima que la espada, que eran bastante de lengua viperina por entonces.
Así que si nos quejamos de lo que la audiencia demanda en la televisión, habría que recuperar estos poemas para ver que - de siempre - la audienca ha demandado lo mismo, eso sí de mejor calidad. ¿No es verdad?
Mi humilde contribución a este juego no es más que una niñería sencilla y divertida, dos son los sonetos de mi cuenta que os propongo y en la que no explico el motivo - que lo tiene - porque no tiene gracia.
LA OSERA (En resumen: hay cada animal por ahí)
Como bien se puede comprender, no conviene meterse en una osera si el oso se haya en ella

Era ese un oso de gran osamenta
al que osó hacer un uso tan de frente,
con tal suerte que seguro hoy lamente
haber usado con tal oso esa cuenta.

Y es que él osó decir que se presenta
una sola esa suerte de repente
y, si perdida el agua de esa fuente
hubiera, su osera iría sedienta.

Por eso lanzó el oso su osamenta,
mas no quiso lanzarla solamente
que fue la su osamenta con el oso.

Así que se mojó más de la cuenta
que al recoger los huesos de la frente
se empapó su cabeza indecoroso.


SONETO A UNA BOLA DE QUESO



Es que acaso era asunto el Emmental
o fue, si acaso, el tema Parmesano
que, entre tanto, con San Simón insano
se me subió lo del queso, tal cual,

a la cabeza. Me sentó tan mal,
el de Tetilla, que estuvo mi mano
temblorosa; y mi voz de pelo cano
peinó a gritos las plumas de un quetzal.

Todo como menos bolas de queso,
todo como poco si es necesario,
haciendo eso como quien más yo halago.

Y si acaso bola me das con queso,
¡dámela curado!, que no es tan caro,
pues es beso que disfruto y me trago.

Dicen que España es una piel de toro, aunque será por su forma porque su contenido es de queso, así que España es también un queso que muchos quisieran comer


Ahí queda eso, por cambar de tercio. Hasta la próxima en La Bitácora de la Imaginación. No olvides pasar por Diario de un Policía ni comprar La Extraordinaria Historia del Reino Prohibido, ni tampoco Dentro del Pozo.

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