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martes, 2 de febrero de 2016

Una mente maravillosa

Esquizofrenia y verdad

Elogio de la cordura

Mientras escribía la entrada relacionada con Gladiator, me vino a la cabeza, otra de las grandes películas de Russell Crowe, por la que también fue nominado a los Oscar y si no lo recibió fue quizás por la recompensa recibida por Gladiator. Pues está película fue inmediatamente anterior a "Una mente maravillosa".

Alicia y John Nash, el papel de su mujer es esencial para la curación del genio matemático


Esta gran película dirigida por Ron Howard e interpretada, además de Crowe, por Jennifer Connelly y Ed Harris, entre otros, tiene grandes virtudes y adolece del mismo defecto que Gladiator. Y es que los hechos históricos no sucedieron tal y como describe la película. Vuelve a tomar los acontecimientos reales para describir lo sucedido como le da la gana al guionista y al director.

Y hacen bien, porque el suspense y el vigor narrativo es extraordinario; y al final, nadie ha dicho que mezclar la esquizofrenia de John Forbes Nash (enfermedad sufrida por el personaje real y protagonista de la película) y la verdad exacta fuesen a producir una buena obra. El cine (en este caso basado en una novela homónima) y la verdad histórica no siempre se llevan bien, eso es lo cierto.

Russell Criwe hace un magistral John Forbes Nash en busca del algoritmo que todo lo explique

Pues bien, los hechos ciertos son muchos. Nash es un reputado matemático que gana merecidamente el Premio Nobel de Economía sin haber tocado esta ciencia en su vida, pero cuyos estudios matemáticos dentro de la rama de La Teoría de Juegos - los Equilibrios de Nash en Juegos No Cooperativos - son fundamentales para los estudios actuales de los equilibrios en la Ciencia Económica.

También es cierto que Nash padeció esquizofrenia paranoide durante un largo periodo de su vida, de la cual se curó - como sucede en este tipo de enfermedades -parcialmente. Y es cierto que tuvo una mujer que empezó por ser alumna suya de  nombre Alicia (a la cual debe mucho de su curación); o que trabajó para una agencia estadounidense en plena guerra fría cuyo objeto era descifrar mensajes ocultos mediante criptogramas.


La Guerra Fría alimentaba una mentalidad paranoide. Ron Howard transforma la vida de Nash en una película de espías para un espectador confundido, genial.

Otros hechos se ocultan y se novelan de modo que el final sea más dramático y tenga mayor fuerza narrativa el mensaje que Ron Howard quiere enviar. Un mensaje que se resume en que esta enfermedad es dura, pero existe solución que pasa por aceptar que quizás no es totalmente posible la curación y que necesita de un apoyo incondicional del entorno más cercano.

La película tiene la enorme virtud de confundir al espectador, el cual desconoce qué es lo que sucede de verdad en la vida de Nash y qué es fruto de su imaginación enfermiza. Transformando esta obra en una extraordinaria película de espías que nunca existieron más que en la mente de Nash y que, quizás, nunca desaparecerán del todo.

El rostro de Jennifer Connelly refleja el sufrimiento que produce en el entorno esta enfermedad paranoide que no discierne y confunde mundo real y mundo imaginario

La tensión y la sensación de angustia está tan bien descrita que ayuda a comprender la situación que pueden pasar los familiares de estas personas que sufren esta clase de delirios paranoides, no en vano la palabra esquizofrenia significa etimológicamente "mente dividida en dos", de modo que quien padece esta enfermedad vive en un solo plano dos vidas diferentes: la real y la imaginaria.

De ahí que la verdad sea tan importante a la hora de afrontar este tipo de delirios y el discernimiento, la cualidad esencial de la mente humana para no caer en las trampas que el cerebro elabora para caer en este tipo de delirios. Los cuales pueden permitir pensamientos brillantes pero son una auténtica tortura para quien los padece y el entorno.

John Forbes Nasha, en el convive la matemática más práctica con la imaginación más poderosa y enfermiza. El genio, siempre en el límite. Una mente brillante es un elogio de la cordura.

Así, esta gran película, es - sin ninguna duda - un elogio de la cordura pues este gran y extraño personaje: John Forbes Nash, al que los economistas debemos muchas cosas que son, además, extraordinariamente entretenidas dentro de la Teoría de Juegos; fue un hombre que padeció una dura enfermedad que extendió a su entorno parte de sus síntomas.


El vídeo describe en qué consiste el equilibrio de Nash: "Para alcanzar una posición de equilibrio la estrategia ha de tener en cuenta el interés particular y el interés de los demás de forma simultánea" 



Y para rebajar la tensión, un relato de una noche de verano en la ciudad de Madrid, ficticio e 
imaginario, pero posible desde luego. Y tan posible.

De noche por la ciudad
Madrid de noche

Por segunda vez en lo que va de noche, llora y ya sé que no voy a dormir. Desde que nació Sandra, la niña de los vecinos del segundo, los pobres no duermen una noche entera del tirón; y yo me despierto como daño colateral de su vagido explosivo y chillón.
El calor de Madrid es insoportable. Esta tarde hemos alcanzado los cuarenta grados y, lo que es peor, las noches apenas refrescan en la ciudad porque el cemento, el cristal y el asfalto desprenden - al ponerse el sol - todo el calor acumulado durante el largo y tórrido día.
Los perros ladran en la calle al paso tumultuoso del camión de la basura que hace saltar todas las alarmas de los vehículos que se encuentran a su paso. Algún gato despistado se escabulle al sonido de los cánidos revueltos y me asomo a la ventana intentando encontrar una bocanada de aire fresco procedente de los aspersores del jardín vecino.
En lo alto de la azotea del edificio de enfrente, Mira, se encuentra tumbada semidesnuda a la luz de la luna, me ve a lo lejos y se gira con gesto displicente. Hubo un tiempo en que nuestros cuerpos sollozaban juntos a la luz de la luna calurosa de esta ciudad agitada y desordenada. Entonces, el consuelo recibido hacía apetecible el duro calor de estas noches.
Mira ya no se interesa por mí, y para ser justos, la entiendo. No soy eso que llaman una persona fiel, pero guardo grato recuerdo de su compañía, de su conversación y de su cuerpo. ¿Será el calor que hace apetecibles los recuerdos despreciados hace tiempo?

Gran Vía desde la calle de Alcalá

Sandrita sigue llorando y aún parece que el ruido del camión, las alarmas y los perros hubieran acrecentado el llanto. Sea como fuere decido darme una ducha para sofocar el calor y bajar a la calle en busca de las sombras donde los gatos taciturnos se ocultan del ruido y el calor de la ciudad gatuna por excelencia.
Abajo, el humo que sale de la rejilla del metro es invisible pero caluroso, el olor a herrumbre y óxido lo hace más despreciable pues se introduce hasta la garganta dejándola áspera como una estera. En lo alto, la luz de la casa de Mira se apaga y el llanto de Sandra ha cesado. A lo lejos, cuatro torres iluminadas hacen de faro de la actualidad, como gigantes que vigilan con su mirada de metal.
La belleza de Madrid está en sus rincones..., y me propongo encontrarme accidentalmente con esa belleza en algún tugurio atípico de esta ciudad imposible, de este absurdo cruce de caminos donde las carreteras se remontan y la hacen insomne y cosmopolita como pocas ciudades en el mundo entero. “Martin´s. Hace tiempo que no entro aquí.”
Esquivo los sofisticados e ibicencos asientos de la entrada rodeado de mujeres bellas y hombres apestosamente guapos que sonríen y beben, charlan divertidos y elevan la voz a mi paso como el macho alfa de una manada que excluye la competencia masculina.
Dentro, con el aire acondicionado, las ropas blancas se iluminan y azulan mientras los cuerpos se relajan mojados por el sudor sucio y espeso de las noches de verano. Me acerco a la barra y pido un “Jim Beam” de doce años con mucho hielo. A mi lado, una chica rubia de pelo lacio se me acerca, gira la cabeza y puedo contemplar su belleza difusa y solitaria.
  • Te he seguido, ¿por qué razón el calor hace que los recuerdos amargos se tornen intensos y resulten apetecibles?
  • ¡Hola, Mira!..., esa frase es mía.
  • Es verdad. Cuando te vi en la ventana insomne, está vez debido a los llantos de una niña, te odié como siempre. Fue al tumbarme y sentir el pegajoso calor de esta noche que recordé esta frase..., y me hizo gracia.
  • Es curioso, porque en ese momento en que te ocultaste con cara de pocos amigos, fue cuando yo la recordé. ¿Será que nos comunicamos en el silencio de esta ciudad maldita?
  • Será.
Y bebimos como cuando éramos jóvenes, recordando los tiempos buenos que vivimos juntos.
¿Será por el calor que ni uno solo de los malos recuerdos surgió en esa conversación de dos gatos huidizos que, al escabullirse del llanto de una niña, se encuentran entre el sudor y las copas dentro del Madrid oculto de las sombras, los tugurios y los ladridos de los perros solitarios?

Metro Gran Vía y Edificio Telefónica con su llamativo reloj. Madrid, la ciudad gatuna por excelencia

FIN
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