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viernes, 11 de marzo de 2016

El Rey Pescador

Relato de un Pordiosero

Vida y Parasíntesis

Dentro de las muchas lecciones que te da la vida, siempre hay alguien dispuesto a ejercer de enseñante, profesor o maestro de estas cosas, he aprendido lo que significaba "parasíntesis". Una palabreja que es toda una ciencia del conocimiento que encierra el lenguaje pues dice la RAE que tal cosa es: "el proceso de la formación de las palabras en el que interviene, a la vez, la composición y la derivación (o al prefijación y sufijación, según que sea este el objeto del análisis de las palabras)".


El Rey Pesacdor, imagen de Robbin Wiliams y su Pinocho

O sea, que cuando una palabra se forma por unión de distintos lexemas a los que se añaden las desinencias derivativas correspondientes, tenemos una palabra "parasintética". Y, como toda lección no queda completa sin los ejemplos, que actúan a modo de demostrar que se ha adquirido el aprendizaje significativo y que se sabe aplicar el concepto aprendido, pondremos dos: "picapedrero" compuesto por el verbo picar y el sustantivo piedra, una vez derivado, obtenemos aquella persona que se dedica a picar piedra.

Otro ejemplo, este no hay duda que es muy chulo (pa chulo él), se trata de pordiosero que describe a aquella persona que pide limosna y, cuyo concepto, está hoy muy denostado pero que, en origen, estaba ligado a un acto de magno objetivo, pues de sus dos palabras compuestas ("por" y "Dios") se deduce que pedía limosna pues renunciaba a todo lo que el mundo le ofrecía en servicio de la divinidad, es decir: pedía limosna por Dios.

Jeff Bridges en su caída curará al Rey Pescador, el pordiosero Robbin Williams, ¿o es al revés?

Pues toda esta introducción para recordar que todo el mundo puede pasar de las más altas cumbres, a transitar los valles más profundos. Y eso debido a unas fuertes convicciones - como se puede ver en la definición dada - como al empeño de los que te empujan valle abajo - también tendrán fuertes convicciones para hacer tal cosa, digo yo (espurias pero fuertes) -. Que a la natural bondad del hombre, conviene añadir la consustancial maldad del mismo ser.¿no es así?, yo pienso que sí.., que somos capaces de hacer el bien más excelso también lo somos de cometer el crimen más abyecto, solo bastan las circunstancias adecuadas.

Y eso es de lo que trata la extraordinaria película "El Rey Pescador", de un trepidante "up and down" donde el bueno de Robbin Williams interpreta a un enloquecido pordiosero que acaba viviendo en la "parte más oscura de la ciudad por desear cosas que tan solo se pueden desear allí" (Darkness on the Edge of Town by Bruce Springsteen). En este caso, resulta que un sanguinario y enloquecido tipo mata a su esposa mientras él está cenando felizmente en una cafetería neoyorquina.

¿Y qué es la belleza? se preguntará Jeff al ver a la Dulcinea de este particular Don Quijote

Esa circunstancia que se desentraña en la película viene como consecuencia de un Jeff Bridges -locutor de éxito - que le acaba conociendo tras el más sonoro fracaso obtenido; y se junta con él en medio de una enloquecida búsqueda del Santo Grial a lomos del Caballo de la Locura más excelsa entre las ilusiones de un Don Quijote yanki y las leyendas Artúricas del más mítico medioevo.

Allí, en los bajos fondos de la ciudad de Nueva York, se encontrará con Mercedes Ruehl que, en un papel memorable, lo recuperará para la vida desde el fondo oculto de un videoclub de barrio bajo. Así, el bueno de Jeff, regresará arriba a ser - de nuevo - un exitoso locutor de radio que no olvidará que en los bajos fondos de la ciudad conoció la humildad, la amistad, el amor, la locura y la vida de manos de Robbin Williams y Mercedes Ruehl (Oscar de reparto femenino).

Mercedes Ruehl, Oscar de reparto femenino actuación muy convincente de esta gran actriz casi olvidada
Y mi relato, es otro "up and down". Un relato de un pordiosero que aquí comienza y cuya enseñanza, maestría o moraleja es la de aquel viejo dicho castellano que aparece en el osario de Wamba al lado de más de 3000 calaveras de monjes acumuladas junto a una lápida inscrita que dice: "Como te ves, yo me ví. Como me ves, te verás. Todo acaba en esto aquí. Piénsalo y no pecarás." ¿Se pillará la parasíntesis?


EL PORDIOSERO

Lino era un hombre locuaz, pero cuando tocaba el momento del trabajo decía solo las justas palabras que sirvieran en cada caso. Todas las mañanas se ponía sobre su cartón en el suelo al lado de la puerta de la iglesia. Tras duros años de trabajarse la calle, había conseguido expulsar de su entorno a todos los aspirantes a ese puesto; el de la mejor plaza de toda la ciudad, tal y como él decía.
Teodoro, su mentor en esto de las andanzas callejeras con el que compartió puerta hasta que las nieves de un invierno dieron con sus huesos en la calle y el frío le hubo helado la barba y el corazón, siempre le explicaba que esto de pedir era una carrera con máster en la vida, una especialidad en psicología social. Y él sabía de qué hablaba porque – aunque lo callaba – tenía título y había ejercido alguna profesión importante..., no me digas cuál, que no lo sé.
Y es que Teodoro no era cualquiera en esto de la mendicidad, él se había hecho un nombre..., y sus enseñanzas fueron a caer en Lino sólo porque le hacía reír.
Por eso, cada día le explicaba el modo de sacar alguna “perrilla” de las almas caritativas que frecuentaban la plaza. Tenía un discurso preparado y todo:
“A veces, has de parecer un alma cándida incapaz de matar una mosca aunque se pose sobre tu propia nariz; otras, el gesto amenazador de tu rostro, debe invitar a los transeúntes a escapar dejando en tu caja de metal sus monedas. Pronto aprenderás cuándo y con quién has de aparentar ser una cándida paloma y cuándo un fiero león. Por último, tienes que reconocer entre aquellos que vienen y van, quién no deja nada porque vive con menos dinero que tú y que yo en casas honradas. Ellos tienen que verte y saber que existes, porque les recordamos adonde no quieren llegar...; y recuerda – no lo olvides nunca - que no es cosa de tener más competencia en las calles, Lino”
Lino, sin embargo, estaba preocupado porque la crisis había atraído a mucha gente de fuera, y éstos no aceptaban las reglas del juego con facilidad, bien por desconocimiento, bien por desesperación. Por eso, llegaba ahora, media hora antes de lo que habitualmente hacía y practicaba su ritual de todos los días, se manchaba la cara suavemente con un betún claro – truco que Teodoro le había enseñado - y se sentaba sobre los cartones secos. Para concluir, acercaba la lata de las monedas y apagaba sus pensamientos hasta la hora de la misa.
Minutos antes de comenzar, saludaba educadamente al párroco que pasaba con ese rostro, entre concentrado y despistado, con paso raudo y sin detenerse un instante donde él estaba. Después, esperaba a las primeras personas que entraban en lo que quedaba del antiguo convento para cumplir con su ordenada conciencia.
Una conciencia que les exigía, a la mayoría, acallarla con unas monedas en eso que llaman limosna. Si bien, él sabía que esto de la limosna era una cosa de otros tiempos, también sabía que aún quedaba algo del gusto por lo tradicional cuando se miraba a un futuro juicio más allá del umbral de la vida. Y a esos pensamientos fiaba él su “profesión”. Bien sabía, Lino, que la mano se ponía hacia la Iglesia; pues el mundo, ufano como era y comprensivo como presumía cuando hablaba de mendigos, dejaba pocas monedas en su lata.
El sol de mayo lucía vigoroso, mientras el crepitar de las cigüeñas sobre el campanario avisaba de su matinal vuelo. Las aves adultas volaban en busca del alimento que la naturaleza regala con las primeras térmicas. Sin esos cálidos aires, apenas habría vida en el campanario. Lo mismo, las manos calientes de los fieles que venían a adorar a un crucificado. Sin ellos, Lino perdería el alimento diario.
Benditos seres...,yo casi no recuerdo cuando era uno de ellos y pasaba al lado de uno como yo sin mirarle apenas, bah.” - Pensaba mientras atiplaba un extraño soniquete en su voz al paso de una mujer reposada y cándida, bien vestida y sencilla. - “¡Una monedita, por favor, mis piernas no responden y no tengo qué llevarme a la boca si usted, alma buena, no me entrega una moneda!”
El <<clin>> de la primera moneda que caía sobre la lata dibujaba una sonrisa de triunfo que no mostraba y, entonces, Lino bendecía a la persona que pasaba con su particular parasíntesis: “¡Dios se lo devuelva y acreciente, señora. Dios se lo devuelva!”

FIN
Osario de Wamba, las calaveras nos dices: "como te ves, yo me vi...
Jeje, ¡Coño, qué negro es nuestro destino!
Pasadlo bien que es fin de semana, es un consejo de la calavera de la derecha de arriba, sí esa que nos mira como sonriendo la muy hija de ****
Espero que os haya gustado, otro día hablamos de metáfora, metonimia y así - que diría Don Paco Umbral, en paz descanse, que él ya está como los de Wamba recordándome que esto es así: Unos años arriba, otros años bajando. ¿Cuándo toca subir?
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