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martes, 20 de octubre de 2015

Otoño en el Parque del Retiro de Madrid

Un relato de corredores

Un relato para todos

El Real Parque del Buen Retiro de Madrid es uno de los Parques románticos más emblemáticos del mundo, sus dimensiones, localización, riqueza arborística, su carácter monumental y su gran estanque central ha sido y será un centro neurálgico de cualquiera que visite o viva en Madrid. Allí, en el centro de la gran ciudad, te sacudes la polución, el ruido y el tráfico - en ocasiones infernal - de la ciudad de Madrid.

Otoño en el Parque del Retiro en Madrid
Otoño 1 en el Parque de Retiro en Madrid


El origen de este gran bosque urbano tiene, como tantos otros sitios populares en España, un carácter Real pues era un territorio, primero, de caza y luego de solaz y recreo de los distintos Monarcas de la dinastía española. Así, al llevar Felipe II la capitalidad a Madrid impulsó este terreno que por aquel entonces se encontraba en la salida de la ciudad hacia la ciudad complutense de Alcalá de Henares.

El Parque fue reformado y construido como tal parque por Felipe III y, sobre todo, por Felipe IV y era tal la categoría del lugar que en lo que hoy es su Estanque se rememoraban las grandes batallas navales en las que había participado el Reino de España.

El Buen Retiro tiene no pocas historias que contar y cuestiones originales, desde los tiempos en que era el zoológico de Madrid o - como se llamaba entonces - "la casa de fieras" hasta la única estatua conocida, quizás en todo el mundo, dedicada al demonio o al diablo. Esa gran obra de Ricardo Bellver de corte romántico que recuerda al ángel caído en desgracia tras la derrota con el arcángel San Miguel.

otoño en el Parque del Retiro en Madrid 2
Otoño 2 en el Parque del Retiro en Madrid

Inspirada en lo versos de Milton no es una estatua de adoración sino al contrario, un fiel reflejo de toda la consternación que la caída y el fracaso del querido Ángel de la Luz mostró según los relatos bíblicos. Así decía Milon en aquellos versos:

"Por su orgullo cae arrojado del cielo con toda su hueste de ángeles rebeldes para no volver a él jamás. Agita en derredor sus miradas, y blasfemo las fija en el empíreo, reflejándose en ellas el dolor más hondo, la consternación más grande, la soberbia más funesta y el odio más obstinado"

Ángel Caído de Ricardo Bellver en el Retiro
Ángel Caído de Ricardo Bellver en el Retiro
Pero es el Parque un lugar de recreo donde tanta gente camina sin darse cuenta de la monumentalidad de su entorno, rodeado por las imágenes de los Reyes de una dinastía sin igual, arrullado por árboles de todo tipo y sintiendo los perfumes de las flores más hermosas se pasea el Madrid de ayer, de hoy y de mañana a la sombra de edificios exclusivos y rodeado de un verdor exquisito y sin comparación alguna.

Pues si es Madrid una ciudad de estaciones, la estación que mejor le sienta es la del Otoño pues los tonos cobrizos y caoba de los grandes árboles, unidos al viento seco de esta estación escribe en verso y cincela la roca de la ciudad por dentro de este gran Parque. Allí los corredores, los ciclistas, los patinadores, los niños y ancianos cobran la vida que arranca la ciudad con sus prisas a jirones.

Dinastía real en el Parque del Retiro de Madrid
Dinastía Real en el Parque del Retiro de Madrid (Pilar reservado para???)

Un poco de aire sano dentro de la prisa, un poco de aroma fresco en el frasco de los humos cenicientos, un poco de vida que es el aliento del Real Sitio del Parque del Buen Retiro.

Mi relato, homenaje a corredores y paseantes del parque es el que sigue:

Otoño

El palacio de cristal del Retiro de Madrid en Otoño
El Palacio de Cristal en el Retiro de Madrid en Otoño
El otoño crecía de amarillo en los árboles del Retiro, el movimiento acompasado de las hojas se hacía bullicioso y ocupaba el espacio visible, las plantas cobraban vida y definían la personalidad de la estación melancólica y triste.

El sonido de las hojas que pisaba recordaba que otro año se había marchado y que el verano se alejaba, dejando que los vientos y las lluvias ocuparan el cielo para empapar el asfalto y la mirada de aquellos en los que se adivinaba – no sé si era a consecuencia del modo en que los veía con mi edad – un gesto furtivo que se quejaba por abandonar los placeres que el cálido verano depositaba sobre la piel a cambio de artificiales calores enfundados en parcas y abrigos.

El Retiro correr en otoño
El Retiro correr en otoño

El jardín de esta urbe se opacaba en un sinfín de tonalidades amarillas, cobrizas y castañas, con una variedad dispersa y rica en matices en un bosque centenario que se resistía a morir devorado por el cemento, la grava y el cristal donde las personas eran automóviles y los trenes – furtivas almas que nunca se detienen para siempre – se rendían a ser el simple diapasón de la ciudad, un conjunto de chillidos rítmicos que atiplaban el tono urbano según que la madrugada viniera o llegara la tarde.

Las zapatillas amortiguaban la edad en el asfalto mientras mis pensamientos vagaban entre lo efímero del tiempo y lo volátil de la vida, sólo correr me descansaba, paradojas del “running”. Las piernas desnudas sentían los primeros fríos, la chaqueta del chándal era la única prenda de abrigo que me permitía antes de dejarme devorar por el monstruo rutinario del invierno madrileño.

Me tenía por un tipo afortunado, pues mis poros recogían oxígeno nuevo cada mañana, mis músculos se tonificaban y mi cabeza amanecía entre árboles inmensos, aguas intermitentes y estatuas conmemorativas de efemérides, lugares o personas; incluyendo la de aquel ángel caído en imagen dolorosa, tan extraña y alejada de nuestros usos normales.

Estanque y estatua a Alfonso XII en otoño en el parque del buen retiro
Estanque y monumento a Alfonso XII en el Parque del Buen Retiro. Las barcas no se guardan en otoño

En tanto la ciudad se desperezaba, yo ya había bebido intensamente sus primeros estertores y exhalado su aire más joven; había medido la resistencia de mi cuerpo ante los cambios de un clima caprichoso y disfrutado de un aire lleno de sabor, de ese frescor dulce que me reconciliaba con la vida dentro del Parque del Retiro arrullado por el otoño de Madrid con sus tonos cobrizos y castaños.

Al llegar a casa, tan solo me quedaría el resto por hacer... Otros, comenzaban a caminar al alba cuando yo ya había concluido la parte sustancial del día.


Y como tengo un libro en venta recién salido del horno, os lo recuerdo: Dentro del Pozo en CreateSpace y Amazon.



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