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jueves, 19 de noviembre de 2015

Adivina quién viene a cenar esta noche (II)

Recuerda

¿Y si todo se olvida?

Hay muchas películas que tienen como tema la memoria y su extraño comportamiento. La amnesia, los traumas, las frustraciones son estados mentales que permiten mucho juego cinematográfico y novelesco.

En ellos se pueden esconder asesinatos, traumas de guerra, conflictos personales no resueltos y, como no, la ancianidad que tan aciaga se vuelve cuando la memoria se nos hace esquiva. Podríamos mencionar muchos filmes pero creo que el clásico Recuerda de Alfred Hitchcock nos viene muy al caso.

Gregory Peck e Ingrid Bergman en Recuerda
Gregory Peck e Ingrid Bergman en Recuerda

Alfred Hitchcock es un maestro del suspense y muchas de sus películas son hoy obras maestras del cine, su enorme sentido del humor y el extraordinario manejo del suspense encierra secuencias magistrales, extraordinarias y únicas que el buen conocedor del cine sabe respetar y admirar.

En la trama de esta película, Gregory Peck y la guapísima Ingrid Bergman luchan por recuperar la memoria perdida de Peck tras un extraño trauma del que él parece huir pues cree ser culpable del asesinato del doctor al que sustituye, al menos en su nombre.
Ingrid Bergman en Recuerda
Ingrid Bergman en Recuerda

A lo largo de la película sabremos que el trauma que produce la amnesia es debido a un sentimiento profundo de culpabilidad, no tanto por lo que él ha cometido sino por lo que él sabe que ocurrió. Así, el sentimiento de culpa es el que genera el trauma y no el acto cometido. En una línea muy partidaria del psicoanalisis descubrimos escenarios recreados por Salvador Dalí, un exponente del Subrealismo que tiene cuadros que hacen referencia a la memoria como un elemento persistente en el ser humano.

La memoria es, desde luego, objeto del tema de este Relato y - como tal - el olvido de este anciaino quizás oculte cosas sucedidas que no hubiera querido recordar. Continuemos la segunda parte.


CUÉNTAMELO DE NUEVO. PARTE II
Me contemplo de arriba a abajo intentando encontrar algo que me lleve a algún lugar, a algún recuerdo aún pequeño, a otro fogonazo de luz que me informe de ese ser que veo en el espejo inmenso de la sala. Un espejo que devuelve luz y, a veces, el recuerdo de una estancia en el hospital donde me operaron el oído. Una visión de un médico retirando una venda de mi cabeza, la sonrisa casi otoñal de mi camelia morena y de azules ojos que me sujeta la mano y, con su sonrisa, me devuelve al tierno árbol de nuestra plaza donde un personaje reina en el centro.
Y un bosque de pinos, eucaliptos, palmeras y camelios lo llenan de un verdor apacible y ecléctico tras de los cuales unas casas con cristaleras serenas reflejan nuevamente el color verde de los árboles y la egregia figura de un personaje desconocido que es el Rey del centro de una plaza ancha donde las camelias son las reinas.
Sueño de Recuerda, Salvador Dalí
El mundo de Salvador Dalí en Recuerda
Un golpe de un pequeño martillo hace repicar mi oído y siento la dulce voz de mi compañera preguntando con mi mano entre sus manos si oigo algo. Afirmo con un gesto y una sonrisa abierta que se funde en un abrazo extasiado de felicidad inmensa me devuelve al manto oscuro y al espejo. Dejo que los cuervos de mis ojos ocupen la mirada cuando una mano firme me introduce algo suave y brillante en mi boca. Entonces, desaparezco de forma lenta nuevamente hasta otro pequeño despertar, como por arte de magia.
Los recuerdos más profundos se producen cuando duermo, entonces siento un tren que se mueve poderoso y furibundo por las vías estrechas de una estación en ruinas, percibo golpes de cañón y martillazos de ametralladoras alrededor, son recuerdos de una guerra. Momentos amargos cuando luché por sobrevivir y me veo empuñando un fusil y disparando en un bosque negro y denso en el que los pequeños fogonazos y sutiles silbidos se perciben a intervalos irregulares.

La persistencia de la Memoria, Salvador Dalí

Una luz intensa en el fondo del bosque seguido de un aullido indescriptible que me hace temblar y estremecerme por entero, me obliga a girar la cabeza a mi derecha, donde un cuerpo cae golpeado e impenitente. Me echo sobre él para evitar que otra bala me sacuda como a este compañero que intento reconocer, y resulta imposible nuevamente, pues al recuerdo le rodea otra vez un manto negro que impide traer nada más a mi memoria.
Mientras este cuerpo yace muerto, siento mi respiración acelerada y los silbidos de las balas que pasan cerca de mi cabeza. Intento tomar el pulso de este hombre y no encuentro latido alguno, le cierro los ojos, recojo la medalla y la cartera con sus objetos personales y los guardo. Retomo el fusil y disparo a bocajarro, ahora son mis balas las que silban por entre los matorrales.
Veo alguien que se acerca apuntando a mi cabeza, me decido a disparar y este otro hombre cae a pocos metros de mí. Vencido por mis hechos recuerdo que me dejé rodar en el suelo sollozando y nervioso.
Supuse que, a este, al que yo había matado con mi propia arma le esperaba alguien en su casa, quizás una mujer inquieta o unos críos desconsolados y una madre descompuesta por los horrores de una guerra. A este otro hombre, aquellos que le esperaban, ya no lo harían más.
Ingrid y Hitchcock
Ingrid y Hitchcock
Un frío húmedo siento sobre mi cabeza y bajo mi cuerpo. Mi compañero muerto que no habría de volver a ver como nunca lo volví a recordar hasta que este fogonazo de luz lo recuperó para mi apagada memoria. Los primeros copos de nieve que caían en aquel lejano invierno avisando de la Navidad que se acercaba y empapando la sensación de distancia con tu familia. Unos copos silenciosos y sin malicia que, poco a poco, iban cayendo sobre un bosque oscuro y ahora callado, tapándolo con un manto blanco.
Nada tan frágil, nada menos amenazante que esos copos de nieve cayendo suaves y esponjosos en el suelo, tapando sangre, callando armas y ocultando los chispazos de luz y los fogonazos que aturden a los muertos y a los vivos. Y sin embargo, nada peor, nada más mortífero que esos copos de nieve cuando se acumulan en el suelo y tapan esos muertos, callan esas balas y ocultan esas luces porque ese manto acumulado ciega la verdad en un frío insoportable.
El frío que te anula y embriaga a partes iguales alejado de tus seres queridos. Ese frío que cala en tu alma y te estremece fuertemente, provoca el desconsuelo y la sinrazón. Vagué durante días entre nieves que me ahogaban y ocultaban buscando a mis hombres sin alimento apenas y sin descanso porque detenerse en aquel mar blanco, era morir oculto por la nieve. Un manto blanco que vino tras un certero fogonazo que había de morir en mi cabeza oculto por otro manto negro.

Los Mundos de Salvador Dalí en Recuerda
Los Mundos de Salvador Dalí en Recuerda

¿Sería esta la razón de que mi memoria construyera un saco oscuro?, ¿buscaba, acaso, ocultar aquel manto blanco con un manto negro? Recordé cómo, apenas sin resuello y fatigado, me dejé caer por una colina tras lo que parecía ser una chimenea y una casa. Caí rodando a los pies de un soldado extrañamente uniformado, un hombre que fumaba mientras vigilaba y golpeaba con sus botas en el suelo para aliviar el dolor que provoca el frío. Me giré, y al ver mi cuerpo y mis medallas, me golpeó con su bota en la cara. Pude oír que gritaba “¡enemigo!” y comprendí que había caído en un refugio de aquellos que eran objeto de mis balas porque yo era el cerril objeto de las suyas.

Alfred Hitchcock
Alfred Hitchcock se muestra misterioso
CONTINUARÁ (...)


Dentro del Pozo es una novela donde la memoria es fundamental para explicar la trama, se desarrolla dentro del mundo de los sueños, y está en

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