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Lost in traslation

Tiempos actuales

Un hombre perdido en el mundo actual: "¡Ja!" - Parte 1

"Lost in Traslation"que significa algo así como perdidos en la traducción es una de esas películas que se detienen a contarnos con imágenes, con una historia personal, lo que sucede en el mundo actual. Intentando aportar un grano de arena a la difícil explicación de cómo somos actualmente. Bueno quizás esta no sea la intención directa, ¿o sí?, eso lo sabe Sofía Coppola, pero es que en cada historia que cuenta el cine, hay mil historias interiores que sostienen el valor narrativo de la sencilla historia que se cuenta. Aquí hay algo más que el típico "hombre maduro encuentra a chica joven y se enrollan"


Tokyo y Scarlet Johanson en Lost in traslation
Tokyo y Scarlet Johanson en Lost in traslation

Otras películas en que se aprecia el contexto de los tiempos actiuales indefinidos son, "Crash" o "Babel". Y es que la película de Sofía Coppola (de casta le viene a la galga), la de Paul Harris y la de Alejandro González Iñarritu tienen un denominador común (o varios): en todas ellas subyace la pregunta ¿qué nos pasa actualmente? Todas parecen personajes que se encuentran perdidos en los tiempos actuales, como consecuencia de un accidente, del hecho fortuito de existir sin explicación alguna.

Las dos últimas, parten del clásico de vidas cruzadas en un lugar concreto de Estados Unidos o a lo largo de un mundo que se nos hace pequeño. Mientras que la primera trata de dos vidas que se cruzan accidentalmente fuera de lugar y de tiempo, desconectados del entorno, en la ciudad de Tokio. En las tres películas queda la idea de que aunque esta vida no sea más que un accidente, un puro azar, hay una fuerza viva que la sostiene y le da sentido. Pero es cierto que es algo que queda como en el aire.

Scarlett Johanson Lost in Traslation
Scarlett Johanson Lost in Traslation

Lost in Traslation está protagonizada por Bill Murray, ¿quién mejor para interpretar a alguien que está fuera de lugar? y Scarlett Johanson interpreta a la pareja de un fotógrafo que se encuentra en Tokyo por razones de trabajo. Su crisis no es otra cosa que el puro aburrimiento y la soledad de quién está con quién no quiere y donde no quiere. Murray, casado, y de viaje en Tokio para interpretar un anuncio, es un actor viviendo sus últimos papeles. El clásico maduro con la crisis de la madurez.

Pero la película utiliza la disculpa del mortal aburrimiento de una joven y de la soledad de ambos, unas vidas sin perspectivas estimulantes para hablar de lo que ofrece un mundo global, de la vaciedad del sentido vital; de lo descolocados que nos deja a todos la pérdida de la referencias seguras, de las barreras, de las fronteras; los problemas de la convivencia de culturas y el grado de participación y comprensión en las mismas.Y así, parece describir un mundo que de tan lejos que ha llegado se pregunta qué hacemos los individuos suspendidos en el vacío y sin nada que los soporte.

Bill Murray en Lost in Traslation
Bill Murray en Lost in Traslation

Bill Murray se preguntará si está enamorado de su mujer y si Scarlett es quizá "su último cartucho", a Scarlett le pasará algo más de lo mismo. Bien, esto no pasa de ser un tópico ya manido en Los Puentes de Madison o El Señor de las Mareas, el del sentido de la responsabilidad y tal. Pero aquí Sofía Coppola le da una vuelta de tuerca interesante pues los protagonistas no son más que la metáfora de la generación que derribó las fronteras y la generación que las recibió derribadas y ambos se encuentran suspendidos en el aire y buscando un sentido a su vida. Se encuentran perdidos y sin traducción.

¿No será que hemos derribado algo más que las fronteras?, ¿no será que hay un muro de carga que nos ha de sostener y ya no está? Ahí es donde ambos coinciden y lo que más sorprende es que es ella quién más sentido encuentra en el amor de Murray, es ella quién más le necesitaba. Ella añora las fronteras que se ha cargado la generación del bueno de Bill.

Y ambos vuelven a su origen, él para reconstruir lo que había dejado sin cuidar y ella, para empezar de nuevo con las ideas más claras (o no, que esto de los vasos medio llenos, ya se sabe): no vale cualquier cosa porque hay todavía cosas que valen la pena. Una bonita historia de amor quizás imposible.

Tokyo es la ciudad de Lost in Traslation
Tokyo y Bill Murray en Lost in Traslation


Y esta visión personal de esta película viene al caso de un relato que empieza ahora y tiene dos partes, un relato trágico y triste de un artista que se encuentra perdido en un tiempo que ni comprende, ni le comprende a él. Veamos que nos depara esta historia que se resuelve aparentemente en la primera parte, pero que hay que esperar a la segunda para comprender lo que ha sucedido de verdad.

JA
PRIMERA PARTE
  • ¡¡Ja!!
    (...)
  • Fue lo último que pude oír de sus labios bordados y perfectos que parecían dibujar siempre una sonrisa. Nadie podía sospechar que tras ella se escondía, en realidad, una angustia que latía entre pecho y vientre; pues de su pecho salía las más nobles ideas, los más bellos pensamientos. Sin embargo, un poco más abajo, su estómago parecía un mal traductor de esos sentimientos, pues salían expulsados hacia fuera de su cuerpo como un estertor fétido e insoportable incardinado en sus torpes comportamientos.
Bill Murray y Scarlet Johanson en Lost in traslation
Bill Murray y Scarlet Johanson en Lost in traslation
 “Yo lo conocía de primera mano y le puedo asegurar que esto es cierto. Que sus pensamientos eran dignos de un marco de oro, sin embargo... Sin embargo, quizás por la mala fortuna o las malas compañías... ¡Vaya usted a saber!, el dulce embrión de su pensamiento resultaba aborto bicéfalo o masa informe que nadie podría reconocer.
Esa es la razón de su mala fama. Esa y no otra. Pues creo que él jamás habría hecho nada malo si supiera de lo envenenadas que le venían las cosas a sus manos. Y me consta que puso empeño en enderezarlas, pero cuando parecía que lo iba a conseguir, aparecían varias manos entre él y el objetivo final - manos invisibles - que impedían el buen resultado.
A tus ojos, sé que él es simplemente torpe, pero no es verdad. Muy al contrario, es... era... un artista. ¡Sí, eso es! Él era un artista incomprendido, una persona que cargaba con mayores responsabilidades de las que le correspondían e intentaba arreglar lo que ya estaba roto por varios sitios.
Verle trabajar era un placer, intentando dar sentido a aquello que veía, intentando hacer algo que pareciera digno. Sin embargo, cuando arreglaba un extremo, el otro por fuerza de ese pequeño estiramiento, se rompía. Yo lo miraba callado mientras otros se quejaban amargamente llamándole ciego y sordo.
Pero le puedo asegurar que lo veía todo, que lo escuchaba todo, y sin embargo, sin embargo.... no hacía demasiado caso. Yo creo que, simplemente, quería hacer algo que valiera la pena, pero no sabía la verdad de las cosas tan bien como yo la sé.”
Sofía Coppola y sus actores en Lost in Traslation
Sofía Coppola y sus actores en Lost in Traslation
  • ¿Y cuál es esa verdad?
  • Esa verdad es que el mundo es muy prosaico y que no quiere saber de poesías. Ya le digo que, por increíble que parezca, cuando iba a conseguirlo – arreglar el objeto, digo - un gato negro surgía de la noche para acariciar parsimonioso su restauración, después se subía encima y la pieza (de un valor extraordinario) se le rompía en mil pedazos.
Era triste verle venir, muy de mañana, y quedarse atónito unos minutos mirando el desconcierto que el gato negro había hecho por la noche: las infinitas piezas destrozadas del objeto, que casi había terminado, desarmadas por el suelo.
Pues no se crea, él se volvía a sentar y comenzaba la obra nuevamente, desde el principio y de forma procelosa y con paciencia recomponía pieza a pieza el puzle hasta que este cobraba una forma casi perfecta nuevamente. Entonces, lo guardaba en un lugar oculto adonde gato negro alguno pudiera llegar.
Sin embargo, aquella noche, de repente se levantó furioso un viento intrépido que hizo tambalear aquel escondite, y la pieza caía reventada en mil piececitas pequeñas; piezas diminutas que tiradas por el suelo hacían un mosaico abstracto de irreconocible forma.
Al día siguiente, su rostro, era un primor entre la pesadilla y la calma, pues yo esperaba que se armara en violento huracán que acabara con todo lo que se pusiera alrededor, y sin embargo, eso nunca ocurría. A pesar de eso, más era la paciencia que él ponía para recomponer en poesía aquel desastre una y otra vez. Poesía que volvía a conseguir, no sin sentido del humor, pues tenía tiempo incluso para eso.
Scarlet y Murray se encunetran en Tokyo. Las imágenes, en esta película, cuentan muchas cosas (más que en otras)

Un día me acerqué y le pregunté por qué volvía a reconstruirlo si a nadie le interesaba lo que él hacía. Él me miraba de arriba a abajo, casi sorprendido, y después se detenía en los ojos para preguntarme con tranquilidad: <<¿Por qué me miras, tú?>>
Y yo, casi sin palabras, balbucía, <<porque me llama la atención que hagas lo que nadie hace.>> Lo más curioso era ver su sonrisa detrás de mi respuesta, una sonrisa triste y orgullosa que dejaba ver el regusto de un triunfo. <<Lo hago simplemente para que tú mires que lo hago.>> Me decía.
Yo creo que se tiró del puente harto de construir y reconstruir lo que extraños gatos negros y vientos poderosos le arrebataban cada noche. Pero no se dejó salvar por nadie y, de buena fe, creo que lo intentamos. Sin embargo, el otro día, cuando fui a verle a su casa y lo encontré encorvado en su cama y con la mirada perdida y la cara gastada como si tuviera ochenta años, por lo menos, me sorprendió la respuesta que me dio cuando le pregunté por qué no quería ser rescatado del estado en que se encontraba.


Scarlett Johanson, ¿perdida en Tokyo?
Scarlett Johanson, ¿perdida en Tokyo?

Él se giró sobre su cama y volvió a sonreír, para contestarme con una pregunta: <<¿Por qué no impediste que los gatos y los vientos acabaran con mi trabajo?>> A lo que yo le contesté: <<Porque si no, serían los lobos o los zorros o los osos... o cualquier otra disculpa o persona. Tu trabajo, era un trabajo para no ser terminado nunca...>>, él siguió a mi respuesta con otra pregunta: <<¿Así que no cumplí el papel asignado, no cumplí mi cometido?>>
Un no seco y seguro surgió de entre mis labios procedente del centro mismo de mi pecho. Un no potente y molesto con el que buscaba despertarle de su letargo y levantarle de la cama donde se encontraba postrado. Pues estaba inquieto por traducir de forma llana lo que parecía no comprender de otra manera.
Sin embargo su rostro no se conmovió, no se inmutó y tranquilamente me descubrió lo que nadie sospechaba; que sabía todo lo que pasaba a su alrededor, que se sabía centro de miradas y objetivo de trampas en las que caía cada día de forma consciente y deliberada. Que sabía con mirar a cada uno, lo que hacía, lo que pensaba, lo que pergeñaba.
Se incorporó con señorío y puso el tono grave de quien va a dictar sentencia, de quien va a condenarse a muerte porque no puede condenar a todo el mundo.
<<El problema es, que yo me enamoré de aquel trabajo. Viéndolo con tranquilidad y con ojos sorprendidos descubrí que aquel me parecía un enfermo rescatable, una metáfora de lo que es la raza humana. Algo que se puede reconstruir si con paciencia limas sus aristas y sanas sus heridas, si le tiendes una mano amiga y depositas en él la confianza que nadie deposita. Puse en esa reparación el empeño de mi vida y ahora, ya ves tú... Ahora espero que un viento poderoso me arrastre a mí fuera de la vida y me lleve a donde se encuentra mi trabajo inacabado>>
El final emotivo de Lost in Traslation
Me lo dijo con mirada alegre y viva en el fondo de los ojos: <<Allí, donde me dejen acabar con mi trabajo, allí donde habite la poesía, allí estará mi casa y quedará mi vida. Tú, amigo, solo miras cómo se escribe poesía, pero no te lo reprocho porque otros la desprecian. Yo, la vivo intensamente y me dejo en ella la piel y la propia vida si es necesario. En realidad, vivo la poesía>>
Esas fueron las últimas palabras antes de marcharme. Miré cómo se encorvaba nuevamente, cómo adquiría a horcajadas la fetal postura y me pareció verle introducido en el vientre maternal de la misma tierra, dentro de su propio colchón. Encogido y, en su cama, escondido de un mundo de lobos quedó entre dormido y abandonado un hombre, un corazón y un alma.
Me calé el sombrero que se hizo pequeño de repente, pues apenas cabía en mi cabeza. Tomé el paraguas con la seguridad de que apenas cubriría mi cuerpo de aquello que caía, porque fuera llovía mucho, llovía a raudales, llovía a cántaros, llovía – como dicen los ingleses – perros y gatos. ¡No sabe, usted, cuánto llovía! Y me fui tras ver desaparecer ante mis ojos asombrados a un artista, mientras yo seguí mi camino contemplando lo prosaica que es la vida.”
  • Hasta este día...
  • Sí, hasta este día en que este buen hombre enloquecido se tiró por el acantilado tras ese extravío de risa solitaria y podrida. Esa risa desencajada en una sola sílaba de risa. Una risa muerta de alguien muerto a base de ver morir su obra cada día a manos de lo prosaico. Lástima que se muera la poesía.
  • ¡¡¡Ja!!!

    Continuará (...)
    Este intranquilizador relato nada tiene que ver con las novelas salvo alguna escena trágica que tiene Dentro del Pozo que sigue a la venta en CreateSpace Amazon, ni con La Extraordinaria Historia del Reino Prohibido que lo estará en pocos días (espero).








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