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Poner fin a la metáfora

Un saludo cordial y sobre la venganza de Don Mendo y cosas semejantes

Dicen los profesores de lenguas que hay que distinguir, al hablar y al escribir, entre la imagen y la realidad cuando de algunos recursos literarios se habla. Lo mismo que un espejo es semejante a la realidad que refleja, pero nunca deja de engañar al ofrecer apenas una simetría de uno mismo; es decir: tú pero todo cambiado (la izquierda es la derecha y viceversa); en literatura sucede que si abusas de la metáfora esta se come todo el texto transformando el significado en algo vacío y hueco.. como si volara el contenido para siempre.


Sucede como la típica broma en que alguien no para de repetir la utlima frase que dices, que hace quedar el mensaje inicial en el más absurdo de los ridículos. De modo que si quieres anular el mensaje de alguien, quizás por innovador, certero, sincero o verosímil, solo tienes que copiarlo una y otra vez hasta que el público caiga en la cuenta de lo pesado que resulta el discurso y el interlocutor.

"…Y un jue­go vil, que no hay que ju­gar­lo a cie­gas, pues jue­gas cien ve­ces, mil, y de las mil, es fe­bril que o te pa­sas o no lle­gas. Y el no lle­gar da do­lor, pues in­di­ca que mal ta­sas y eres del otro deu­dor. Mas ¡ay de ti si te pa­sas! ¡Si te pa­sas, es peor!"

Así dice en La Venganza de Don Mendo (de Muñoz Seca) al hablar del juego de las 7 y media que bien podría aplicarse al uso de la metáfora, pues si te quedas corto y no comparas, queda la figura literaria sin emprenderse, mientras que si excedes en su uso queda el texto sumido en la mayor de las confusiones, cuando no en un mensaje cargante y absurdo donde no se observa el contenido.


"No fui yo, no fui... que fue el maldito Cariñena..." que habló por mí. Pues eso sucede cuando nos pasamos con la metáfora, que la metáfora se lo come todo y no deja nada para la semántica, para el significado que las palabras tienen porque se pierde en un confuso juego de espejos que hace inasible la figura real a la que espejea en el vivo reflejo reflejado.

Y así, en boca de Don Quijote se burlará de este abuso Don Miguel de Cervantes: "Su nombre es Dulcinea... sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos de cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos..." Algo que hacía con frecuencia para burlarse del lenguaje pretendidamente culto o de la lectura de los libros de caballería de forma excesiva y abusiva.

Y, así retoma la Bitácora su pulso, resucitando nuevamente tras casi un año de silencio, renaciendo como egregia figura renacentista; pues toda cosa que vuelve a la vida renace y, por lo mismo, es Renacentista (grcs Maite).


Así que con tanta imagen por el mundo circulando, a veces me entran ganas de pedir (firmemente, por descontado) que alguien ponga fin a la metáfora. .. please. Un saludo



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